martes, 15 de junio de 2010

Las bolsas

Voy a hablaros de una de las cosas que más le gusta atesorar a los seres humanos y que, sin embargo, no da la felicidad: las bolsas de plástico.
Yo creo que ya, eh, ya, podríamos dejar de fabricar bolsas de plástico.
Hay bolsas de plástico suficientes atesoradas en las casas como para ir tirando hasta que se extinga la humanidad.

El problema es que son gratis: Un día bajas al súper y subes: atún, leche, huevos... y dieciséis bolsas de plástico. Y claro, esas bolsas ya se quedan a vivir en tu casa. No las tiras. Las guardas por la misma razón que el teléfono de un ex novio, se supone que ya han cumplido su labor pero aún te pueden hacer un apaño.

Y claro, la población de bolsas ha ido creciendo tanto que han tenido que organizarse en clases sociales.

Por ejemplo, la aristocracia de todas las bolsas son la bolsa del Corte Inglés... fina, elegante, plástico del bueno... Es como magia, todo lo que metas en esa bolsa se dignifica.
Puedes entrar con un gato muerto en el hotel Palace que si va en una bolsa del Corte Inglés nadie te dice nada.

Luego está la clase media, las bolsas de supermercado. Las pobres a lo máximo que pueden aspirar es a suplente de bolsa de basurura. Vas echando basura hasta que de repente en lugar de echarla, la posas en equilibrio. Y se va formando una pirámide y de repente, cuando ya no cabe más, tienes que meter una botella de Coca-cola de dos litros. No pasa nada: Con decisión, abres, clavas la botella, cierras la puerta y sales corriendo. Y según te alejas se oye “CLONC”. Aaah... pero tú ya no estás ahí. Porque existe una norma que todo el mundo conoce: “Al que se le derrumba la pirámide cambia la bolsa.”

Después están las bolsas de clase humilde. Las verdes estas que no tienen marca. Que sirven para meter fruta, calcetines y abuelas. ¿No se han fijado que siempre que empieza a llover las abuelas sacan un bolsa verde y se la ponen en la cabeza?

Otras bolsas de clase humilde son las que nos dan en los aviones para vomitar. Que tiene narices, ¿eh? Que para una bolsa que nos da asco tocar nos la den sin asas. Es como si los guantes para tacto rectal, los hicieran sin dedos. (...)

Pero sobre todo, seremos felices cuando en el DIA o en el EROSKI no haya que pagar cinco centimos por una bolsa.

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